https://twitter.com/gominolasdpetro/status/960452525550956544Tras el programa de Salvados sobre granjas y debido a que esta relacionado con mi camnpo de conocimiento, me he visto en la obligación de escribir una entrada sobre el tema. En un principio había pensado en explicar y desmentir aquello que no se trató de manera adecuada en el programa, pero fue tal la mezcla de conceptos (antibióticos, hormonas, condiciones laborales, ganadería ecológica, inspección y legislación, bienestar animal) que he decidido decantarme por explicar uno de ellos, el bienestar animal. Para quien quiera indagar en el resto (igual algún día me animo a escribir algo sobre le resto de temas) pues al final del artículo dejo buenos comentarios/hilos de twitter y enlaces que he podido recopilar respecto al tema. Pero antes unas pocas pinceladas sobre bienestar animal.
Mostrando entradas con la etiqueta Carne. Mostrar todas las entradas
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Levantarte el sabado y leer la prensa o ver la TV después de haberte comido un kebab la noche anterior se convirtió en deporte de alto riesgo los pasados 2-3 de Diciembre de 2017. La razón, las decenas de titulares alarmistas que anunciaban que desde la Unión Europea se quería prohibir los kebabs. Los jóvenes alarmados salieron a las calles (quien dice calles, dice redes sociales) para protestar ante tal atrocidad, ¡cómo osan tocar nuestra más preciada comida de los fines de semana!
Afortunadamente, desde esa misma calle, cuentas oficiales del Parlamento Euroepeo han salido a adesmentir el tema ya que veían cómo miles de jóvenes ya estaban manifestándose frente a las sedes(quien dice sedes dice twitter) de diferentes organismos europeos.
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| Un suculento kebab |
Y os preguntaréis que hago yo escribiendo sobre esto en un blog de divulgación de alimentación, pues a respuesta es fácil, el causante de todo este revuelo es un aditivo muy usado por la industria alimentaria, y más específicamente la cárnica. Así que me he decidido a explicar un poco qué son estos fosfatos, para qué se usan en la industria carnica, porqué su uso es controvertido y cuál es la legislación vigente. Lo hago porque parece que hay mucha confusión al respecto y más cuando ves que desde los organismos anteriormente mencionados, confunden más al personal afirmando que su uso ya está prohibido en la carne cuando es fácil coger una salchicha y ver que en su composición tiene estos denostados fosfatos. ¿Ahora las salchichas no las hacen de carne?
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| ¿De verdad se usan fosfatos en la carne? |
Para el que venga buscando una respuesta rápida la tiene hacia el final del hilo en negrita y subrayada. Para el resto que quiera aprender un poco sobre los fosfatos que continúe leyendo.
¿Qué son los fosfatos y de dónde se obtienen?
Los fosfatos son las sales del ácido fosfórico. Suelen ser sales de sodio, pero también las hay de potasio, magnesio y calcio. Según la lista de aditivos admitidos en la Unión Europea para su uso como aditivos a los fosfatos se les ha asignado los siguientes números E: 338,339,340,341,343,450,451,452. La diferencia entre un número y otro depende del tipo de fosfato, es decir, si incluye una molécula de fosfato, dos, tres o varias, así como del catión que le acompaña (sodio, potasio, etc).
El ácido fosfórico (H3PO4) se obtiene generalmente del fosfato roca. Luego tras unos procesos de lavado se obtendría el ácido fosfórico de uso alimentario. Éste sería el E-338 (muy usado como acidificante en bebidas refrescantes), y a partir de él se producen todos los demás que son los que realmente se usan por la industria alimentaria.
-Monofosfatos (PO4): Se obtienen mezclando el ácido fosfórico con una base que contenga el metal del que queramos obtener la sal. De aquí obtendríamos los E339, E340, E341 y E343, que son los fosfatos de sodio, potasio, magnesio y calcio, respectivamente.
-Difosfatos o pirofosfatos (P2O7): Los difosfatos se comercializan como aditivos bajo E450. Se forman mediante condensación de dos monofosfatos a altas temperaturas (600-800C), de ahí el sobrenombre de pirofosfatos. Estos compuestos contienen dos átomos de fósforo.
-Tripolifosfatos (P3O10): Si condensamos un monofosfato más obtenemos los tripolifosfatos o E451. Son los que más se usan por la industria alimentaria.
-Polifosfatos (PnO3n+1): Si seguimos con las reacciones de condensación se pueden formar polímeros de hasta mil átomos de fósforo. Los polifosfatos (más de tres átomos de fósforo) se comercializan como E452.
A la hora de evaluar su contenido en el alimento los resultados se dan en niveles de P2O5 para facilitar su comparación.
¿Y por qué tantos aditivos si todos proceden del mismo compuesto? Pues porque sus características tecnológicas son bastante diferentes. Mejor lo explico un poco más extensamente.
Propiedades de los fosfatos en la elaboración de productos cárnicos
El uso de los fosfatos se ha extendido en la elaboración de productos cárnicos debido a sus características tecnológicas. Entre estas podemos destacar:
- Solubilización de las proteínas de la carne. Al ser una sal tambien ayuda a solubilizar las proteínas como ya comenté en mi anterior post.
- "Rotura" de las uniones actina/miosina. Éstas son las proteínas que mantienen al músculo contraído en el proceso denominado rigor mortis, cuando el animal muere. La adición de fosfatos permite que "el músculo se relaje" y las proteínas puedan estar más disponibles para el procesado posterior.
- Reducen la velocidad de los procesos de rancidez. Los fosfatos pueden quelar (unirse a) metales pesados que generan un efecto pro-oxidativo que deriva en la rancidez.
- Incrementan el pH. Generalmente son sales básicas y por lo tanto incrementan un poco el pH de la carne, lo que permite aumentar la capacidad de retención de agua. Esto se traduce en que se puede añadir más agua al producto sin que se pierda tras el cocinado.
- Estabilizan el pH (capacidad tamponante). Algunos fosfatos son grandes estabilizadores del pH lo que permite proteger al producto de cambios bruscos de pH que puedan afectar el color y otras propiedades.
Dependiendo de para qué producto lo vayamos a usar elegiremos un tipo de fosfato u otro o incluso mezclas de los mismos (que es lo más habitual en la industria) ya que cada tipo actúa de diferente manera. Los monofosfatos tienen alta capacidad estabilizante del pH pero son muy insolubles en agua fría y casi no afectan a las uniones actina/miosina. Por el contrario los polifosfatos son los más solubles en agua fría y los que más afectan a las uniones actina/miosina, pero tienen baja capacidad tamponante y tardan más en reaccionar. Entre medias tenemos a los difosfatos y tripolifosfatos, siendo los primeros los más activos de todos los fosfatos (su acción es casi inmediata) y por eso se usan mucho en elaboración de perritos calientes (se necesita solubilizar la proteína más rápidamente).
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| Primero fue el bacon y nadie dijo nada, ahora los kebabs... |
Efecto sobre la salud
El principal problema y la base de la controversia por el uso de estos aditivos se debe a los efectos que ejercen sobre la salud. Desde la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) se están revisando los niveles permitidos de estos aditivos y las ingestas máximas tolerables, ya que fue en 1991 cuando se realizó por última vez por la Organización Mundial de la Salud y otros organismos oficiales. El informe estará listo para Diciembre de 2018. Es a raíz de un estudio de Ritz et al. (2012), en el que se pone en tela de juicio la salubridad de estos aditivos, cuando comienza la controversia. Según los autores del estudio, los fosfatos podrían incrementar el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) ya que correlacionan un elevado contenido de fosfato en sangre con ECV y mortalidad. Los mismos autores achacan el incremento del riesgo al incremento del consumo de estos aditivos mediante los alimentos listos para el consumo o Ready to Eat Foods en inglés. Aunque correlación no implica causalidad, estos últimos años se ha seguido estudiando el tema y recientemente Allison Cooke (2017) acaba de publicar una profunda revisión sobre el tema. En él concluye que no hay evidencia suficiente para determinar el riesgo de estos aditivos y que más estudios de intervención son necesarios. Lo que Allison si recabó fue que la mayoría de investigadores alertan del alto consumo de estos aditivos, bastante mayor a lo estimado, algo que la EFSA ya advirtió que estudiaría para su informe de 2018. Por el momento, los niveles diarios máximos tolerables para fosfatos siguen establecidos en 70 mg por cada kg de peso de la persona. Veremos si de aquí a finales de 2018 llega el informe y este valor es modificado.
¿Está prohibido el uso de fosfatos en la carne? Legislación Europea
Si habéis leido todo lo anterior ya os habréis hecho una idea de que la respuesta es no. El uso de fosfatos no está prohibido en la carne. El problema viene en lo que definimos como carne y es aquí donde la legislación especifica en qué productos esta permitida su adición y en cuáles no. Para ello tenemos que leer el Reglamento (CE) 1333/2008 sobre aditivos alimentarios, en concreto del anexo II que podéis encontrar en español aquí. Del texto legal podemos concluir que:
El uso de fosfatos en carne fresca está totalmente prohibido, está limitado en ciertos preparados de carne y está autorizado en la mayoría de productos cárnicos.
Todos tenemos claro lo que es carne fresca, pero creo que pocos sabemos lo que se considera preparado de carne o prepardo cárnico y en qué se diferencia de los productos cárnicos. Para su definición hay que ir al Anexo I del Reglamento (CE) 853/2004:
"«Preparados de carne»: la carne fresca, incluida la carne que ha sido troceada, a la que se han añadido productos alimenticios, condimentos o aditivos, o que ha sido sometida a transformaciones que no bastan para alterar la estructura interna de la fibra muscular ni, por lo tanto, para eliminar las características de la carne fresca"
Leyendo esta definición es probable que no nos venga a la cabeza ningún producto con esas características. Pero aunque el producto cumpliera con esa definición, la legislación limita el uso de fosfatos en estos preparados de carne. Sólo pueden usarse fosfatos (en niveles máximos de 5000 mg/kg de producto como P2O5) en los siguientes productos: breakfast sausages, jamón salado de navidad finlandés, burger meat con un contenido mínimo del 4% de vegetales y varios productos típicos (checos y de otros países) de nombre impronunciables Kasseler, Bräte, Surfleisch, toorvorst, šašlõkk, ahjupraad, Bílá klobása, Vinná klobása, Sváteční klobása y Syrová klobása. Como veis, esto no afecta a ningún producto español. Las que denominamos salchichas de carnicería formarían parte de estos preparados de carne, pero no estaría permitido el uso de fosfatos para su elaboración.
Veamos ahora la definición de producto carnico:
"«Productos carnicos»: son productos transformados que resultan de la transformación de la carne o de la nueva transformación de estos productos transformados, de manera que la superficie del corte muestre que el producto ha dejado de poseer las características de la carne fresca.
Respecto a los productos cárnicos, como ya adelantaba, los fosfatos están permitidos en niveles que no superen los 5000 mg/kg de producto (medidos como P2O5), a excepción de foie grass y un producto denominado libamáj donde no está permitido su uso.
Como podréis haber deducido, todo este embrollo de la prohibición de los kebabs viene porque son considerados preparados cárnicos ya que su apariencia final recuerda a la de la carne. Al igual que con las otras excepciones (como las sausage breakfast) se pretendía incluir al kebab en la lista de excepciones para usar fosfatos en preparados de carne. De momento y por lo que parece se va a seguir prohibiendo el uso de fosfatos en los kebabs (pese a que se ha confirmado que algunos productores alemanes los usan) y es que el principal escollo es que es un producto que se vende directamente al consumidor sin ningún etiquetado, con lo que se pierde ese nivel de protección hacia el consumidor.
Actualización: Ya que mucha gente me ha preguntado cómo se hacen los kebabs y pese a que pensaba escribir un hilo al respecto hoy he visto por twitter que @gominolasdpetro ya lo había explicado bastante bien, así que me ahorro el hilo y simplemente enlazo el suyo. Podéis leer sobre cómo se hace un kebab aquí
Según el Código Alimentario
Español en el grupo de alimentos de carnes y derivados hay que diferenciar dos
grandes secciones: la carne fresca (parte comestible de los músculos de los
bóvidos, óvidos, suidos, cápridos, équidos y camélidos sanos sacrificados en
condiciones higiénicas) y la carne procesada o productos cárnicos (productos
alimenticios preparados total o parcialmente con carne o despojos de especies
autorizadas para tal fin). Dentro del primer grupo se encuentra un gran grupo
de carnes rojas (cerdo, ternera, cordero, etc.) y otro de carnes de ave (pollo,
pavo, pato, etc.). Diversos estudios observacionales
han relacionado el consumo de carnes rojas con el aumento de riesgo de padecer
enfermedades crónicas. Muchos de ellos meten en el saco de carne roja a la
carne fresca y a la carne procesada, mientras que otros se fijan más en patrones
dietéticos donde la carne se encuentra en dietas de baja calidad. Esto ha
supuesto que las recomendaciones dietéticas saludables se centren en limitar el
consumo de carnes rojas. Ha sido, sin embargo, en la última década dónde se ha
visto la importancia del diseño y del análisis de estos estudios. Tras una
correcta separación de carne procesada (o productos cárnicos) y carne fresca,
el análisis de variables de confusión y el ajuste según estilo de vida y
factores dietéticos ha hecho que la evidencia cambie.
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| Un gran exponente de la carne procesada |
Ya no son las carnes rojas en
general las que se asocian con un mayor riesgo de sufrir enfermedades, la
asociación solo es claramente positiva en el caso de las carnes procesadas
(embutidos, jamón, panceta…para que nos entendamos). Uno de los estudios más
importantes sobre el consumo de carne roja y mortalidad (general y específica) se
basa en los resultados del EPIC, un estudio de cohorte que incluyó a 448568
participantes en 23 centros de 10 diferentes países europeos. En este estudio
se separó el consumo de carne roja de carne de ave y de la procesada de la no
procesada. Se siguió a los participantes durante unos 13 años y se encontró que
el consumo de carne roja fresca no se relacionó con el incremento de mortalidad
por ECV, mientras que el consumo de carne procesada aumentó un 30% el riesgo
relativo de muerte por ECV. También se
evaluaron otras causas de muerte, encontrándose únicamente asociación positiva
(pero de menor magnitud que ECV) en el consumo de carne procesada y cáncer. Al tratarse de un estudio observacional no se
puede extrapolar el efecto y aceptar la causalidad, es decir, no se puede
afirmar que la carne procesada sea la causante del aumento de mortalidad por
ECV o cáncer. Esto es debido hay que hay infinidad de factores que pueden haber
influido, factores que se intentan controlar estadísticamente pero que no siempre
se consigue de una manera adecuada. En el caso del estudio EPIC los autores
tuvieron en cuenta muchos factores que pudieran llevar a confusión (consumo de
fruta, tabaco, estilo de vida, etc) pero no otros como el consumo de alimentos
saludables como frutos secos, legumbres y pescado, entre otros. Es complicado
tener todo en cuenta y más cuando se trata de un estudio de tan enormes
proporciones, pero aun sin causalidad podemos sacar varias conclusiones del
mismo.
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| Chorizo rico pero peligroso |
El estudio EPIC no es el único
aunque sí el más grande que relaciona únicamente a las carnes procesadas (y no
a la carne roja fresca) con el aumento de riesgo de enfermedades. Un
meta-análisis de 2014 no encontró relación entre el consumo de carne roja
fresca y el aumento de la mortalidad, cosa que si encontró para las carnes
procesadas. En mi primera
entrada de este blog ya escribí sobre la carne y sus implicaciones
nutricionales. Otra de las enfermedades con la que se ha relacionado a la carne
ha sido con el aumento de riesgo de cáncer colon-rectal. Tanto es así que Fondo Mundial para la Investigación sobre el
Cáncer (WCRF, por sus siglas en inglés) y el instituto Americano de
Investigación del Cáncer (AICR, por sus siglas en inglés) han incluido a la
carne roja y la carne procesada en su lista negra. Sin embargo, los últimos
estudios parece que exoneran a la carne roja fresca. El último basado en dos
grandes estudios observacionales de 87000 mujeres y 48000 hombres, donde la
evidencia de que un consumo elevado de carne roja fresca aumentara el riesgo de
este tipo de cáncer fue muy pequeña.
La importancia de estos estudios facilita futuras investigaciones para
buscar el verdadero causante del aumento de riesgo de enfermedad crónica. Los
ingredientes y/o compuestos que han estado en el punto de mira son: el hierro
hemo, la grasa saturada, el colesterol, L-carnitina, el sodio y otros
conservantes. Si tenemos en cuenta que las cantidades de hierro hemo, grasa
saturada y colesterol son similares tanto para carnes rojas frescas como procesadas,
podríamos inferir (según lo contado anteriormente) que ninguno de estos es el
responsable del aumento de riesgo. En el caso de la L-carnitina, experimentalmente
se ha visto que un metabolito de la misma generado por la microbiota tiene
efecto aterogénico. Sin embargo, las carnes procesadas contienen niveles de
L-carnitina inferiores a las carnes rojas frescas, por lo que podemos inferir
de nuevo que este compuesto puede que no sea mediador en el aumento de riesgo.
No obstante, en el caso de sodio y otros conservantes sí se encuentra un claro
aumento de los mismos en las carnes procesadas respecto a la carne roja fresca.
Por lo que como bien apuntan Micha y colaboradores en su comentario en la
revista BMC Medicine (y que he resumido en esta entrada) puede que sea el
momento de centrarnos en este tipo de compuestos. Yo añadiría que no hay que
quedarse ahí, ya que sabemos que en el mundo de la nutrición y salud, los
alimentos son matrices muy complejas y su digestión lo es más, pero poco a poco
espero se vaya dilucidando más sobre este tema y por qué no, mejorando los
alimentos procesados.
Si alguien quiere profundizar en el tema que tire de la bibliografía
que enlazo en las referencias consultadas.
Referencias consultadas
De siempre se ha dicho que una
buena carne hay que combinarla con un buen vino tinto ya que el maridaje es
perfecto. Y esto no es algo que se diga por únicamente por conocimiento
popular- todos tenemos boca y a la mayoría nos gusta el vino tinto y la carne-sino
que existe una explicación científica al respecto relacionada con la fisiología
del gusto. Más tarde explicaré el porqué de este buen maridaje, pero quiero
introducir un poco a este sentido tan importante en la nutrición.
El gusto está íntimamente relacionado
con el apetito, de los cinco sabores primarios tres se relacionan con el
apetito y dos de ellos con dos macronutrientes. Hablo del sabor dulce,
proporcionado por el azúcar (constituyente de los carbohidratos) y el umami,
proporcionado por los aminoácidos (constituyentes de las proteínas). El sabor
salado como su nombre indica es el relacionado con la sal (cloruro sódico),
presente en muchos alimentos y necesario para nuestra correcta alimentación. Y
muchos pensaréis, ¿qué pasa con la grasa? Más adelante tratare de dar respuesta
a la pregunta. Los otros dos sabores primarios que quedan son el amargo y el
ácido. Estos dos sabores muy lejos de levantarnos el apetito son los que nos
ayudan a diferenciar los tóxicos. El primero, el sabor amargo, es típico de los
venenos y el segundo, el ácido, de la comida en mal estado. Por lo tanto, queda
clara la importancia del sentido del gusto en los niveles más básicos. Pero no
todo es tan básico y este sentido interactúa en gran medida con otro sentido,
el olfato. Éste también se relaciona con el apetito, cuando tenemos hambre el
sentido del olfato se agudiza y somos más sensibles a los olores. La
interacción entre ambos sentidos es muy grane, tanto que se calcula que en torno al 80-90% de lo que degustamos al
introducir un alimento en la boca se debe al olfato. De hecho, los anglosajones
tienen una palabra para denominar esta interacción: flavour, que no es sino una mezcla de sabor y aroma. Para
simplificar me referiré únicamente al sabor.
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| Mapa de los gustos en la lengua (de Wikipedia, user MesserWoland) |
A todos nos suena el mapa de arriba,
nos indica las partes de la lengua encargadas de detectar un sabor u otro, donde 1 correspondería a los sabores amargos, 2 a los ácidos, 3 a los salados y 4 a los dulces. Pues
bien, deciros que estos mapas son una simplificación de lo que realmente ocurre
en nuestra lengua al ingerir algo pero que en su momento sirvieron para bastante. Al
observar una lengua a simple vista podemos reconocer unos bultos o puntos
rojos, estos son un tipo de papilas gustativas, las fungiformes (por su forma
de champiñón). Pero hay otros tipos de papilas gustativas: foleasas,
caliciformes y filiformes. Dentro de estas papilas encontramos los botones
gustativos (no visibles a simple vista), que realmente son los que “recogen”
los sabores primarios. Todos los tipos de papilas contienen botones gustativos
a excepción de las filiformes, que no tienen función gustatoria sino mecánica.
El rollo de nombres que acabo de soltar es para explicar un poco el verdadero
“mapa” de la lengua. La localización de las papilas fungiformes es
mayoritariamente en la parte delantera de la lengua. Existe una correlación
positiva entre el número de este tipo de papilas y la sensibilidad al sabor
salado, cuantas más papilas de este tipo mayor facilidad para detectar el sabor
salado. Por eso en muchas representaciones los laterales delanteros aparecen
asociados al sabor salado. También se ha demostrado que los botones gustativos
de estas papilas son muy sensibles o únicamente al sabor salado o bien al
salado y dulce. Las papilas foleasas se encuentran
mayoritariamente en los laterales posteriores de la lengua y sus botones gustativos
tienen una alta sensibilidad por el sabor ácido. Las papilas caliciformes se
encuentran en la parte posterior de la lengua, sus botones son muy sensibles a
pequeñas concentraciones de sabor amargo y producen reflejos de rechazo como
náuseas. Esto lo notamos fácilmente cuando tomamos cualquier medicina, que se
nos queda el sabor amargo (sí, las
medicinas son tóxicos, pero a una concentración muy baja). De momento no se ha encontrado mayor o menor sensibilidad en un tipo u otro de papilas al sabor umami. Por lo tanto el mapa puede ser algo más correcto en cuanto a sensibilidad de detección de los tipos de sabores, pero nunca demostrativo de dónde se degusta el qué. En todas las partes de la lengua se detectan los cinco sabores primaries independientemente del tipo de papila. ¿Y no existen papilas sensibles
a la grasa? Estudios en ratones encontraron una proteína relacionada con el
consumo de alimentos grasos, ratones que carecían de esta proteína perdían el
interés en comidas grasas. Se descubrió además que esta proteína también se
encuentra en los botones gustativos de los humanos, pero según las últimas
revisiones, esta proteína también se encuentra en diferentes tipos de células,
por lo que no es considerada un gusto aparte. Estos descubrimientos son
altamente importantes, ya que esta proteína podría influir en el comportamiento
dietético de las personas.
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| Saciedad (de https://biometak1.wikispaces.com) |
Una propiedad de los alimentos
muy relacionada con el gusto es la saciedad sensorial específica. Esta saciedad
es la que experimentamos tras consumir o estar expuestos a un alimento con
respecto a otros alimentos que no han sido consumidos. Estos cambios en cómo
percibimos otros alimentos tras la ingesta de uno se relacionan con las
propiedades sensoriales del consumo del mismo y no con su digestión. Estos cambios
se pueden alargar por un periodo de una hora. Por ejemplo, se ha visto que el
consumo de un alimento salado hace que disminuya el interés y placer suscitados
por el consumo de otros alimentos salados. Lo mismo ocurre con alimentos dulces.
El sabor umami ha sido relacionado con un incremento del apetito pero a la vez de
la saciedad post ingesta. Sin embargo, la intensidad del sabor (“flavour”) no
se ha visto relacionada con esta saciedad sensorial específica. No solo el
sentido del gusto genera una saciedad de este tipo, sino que otras propiedades
del alimento como la textura y la apariencia también la pueden generar. El
gusto y aroma de un alimento unidos a sus otras propiedades organolépticas como
textura, testas propiedades organolépticas del alimento (gusto, aroma, temperatura,
apariencia visual y sonido) determinan lo que se denomina palatabilidad del
alimento. Existen numerosos estudios sobre si esta palatabilidad influye en el
apetito, cantidad de ingesta y/o energía, aspectos que se relacionan con el
desarrollo de obesidad. Existen evidencias sólidas de causalidad entre la
palatabilidad de un alimento y el incremento de consumo energético a corto plazo,
pero aún no se ha podido demostrar que el aumento de productos de alta
palatabilidad haya contribuido en gran manera al aumento de peso en la
población. La falta de observación de una clara relación puede deberse a la variación
y respuesta individual a la palatabilidad de los alimentos. Nuevas técnicas de
neuroimagen han podido diferenciar a adultos obesos de adultos con normopeso
observando la respuesta cerebral a alimentos de alta palatabilidad. También,
existe mucho debate sobre si el consumo excesivo de alimentos puede
considerarse una adicción, adicción a la comida. Esto se sustenta en varios
estudios que han visto que las vías mesolímbicas de la dopamina activadas por
la drogadicción se activan también como respuesta al consumo de alimentos muy
palatables. Por lo tanto, el sabor de un alimento es una propiedad muy
importante y que está íntimamente relacionada con la salud. En este caso,
demasiado placer puede salir caro para nuestra salud.
| Vino tinto y carne, gran combinación organosensorial |
Creo que ha quedado clara la
importancia del sentido del gusto en cuanto a nutrición y salud, pero quiero
acabar esta entrada con algo más amable dando respuesta al porqué del buen
maridaje entre vino tinto y carne roja. Una de las características que aportan
un gran sabor a la carne roja es la grasa. Esta grasa al ser consumida crea
capas en los botones gustativos y en el paladar, disminuyendo el nivel
gustatorio de los siguientes bocados. Es aquí donde los taninos del vino juegan
un importante papel. Estos compuestos proceden de la piel de la uva y dan al
vino tinto su típico sabor astringente, pero es su estructura la que permite
que jueguen un papel importante en este maridaje. Los taninos contienen uno (o
más) anillos hidrocarbonados (parte apolar) y uno o varios extremos polares. La
grasa presente en el paladar podrá unirse con la parte apolar de los taninos
mientras la parte polar se une a la saliva (también polar) formando lo que se
denominan micelas, estas micelas se degluten al ingerir el vino. Se podría
describir que el efecto de los taninos es como el de un jabón que “limpia” los botones gustativos
permitiendo recuperar el gusto perdido. Este efecto actúa en ambos sentidos, la
percepción demasiado astringente de un vino también se ve disminuida al
consumir comidas que puedan considerarse más grasas (como la carne roja en comparación
con la carne blanca). Resuelto el misterio os aconsejo que probéis el maridaje
vosotros mismos y cómo cambia la percepción de los sabores al consumir un vino
blanco o un vino tinto con una carne roja o blanca.
Referencias consultadas
Hay muchos temas
sobre los que me gustaría escribir en este blog, pero he creído necesario abrir
la lata con uno de los alimentos con los que he trabajado bastantes años para
el desarrollo de mi tesis doctoral, la carne.
La carne es un
alimento muy importante socioeconómicamente, los españoles consumimos 52,94 kg
de carne por persona al año [1], algo
más que la media mundial que anda en los 42,1 kg [2]. De nuestro presupuesto
para alimentación, un 23% lo utilizamos para adquirir este tipo de productos,
en 2010 este gasto fue de 15527,8 millones de euros [3]. Parece por lo tanto
que la carne está muy presente en nuestra sociedad y que juega un papel muy
importante en la economía de la misma. Tanto así que sería un tema que daría
para varias entradas, variación de los precios de la misma, el por qué de su encarecimiento
progresivo, etc. En esta entrada simplemente he querido dejar una pincelada.
Al ser un alimento
ampliamente consumido, resulta necesario analizar el impacto nutricional que su
consumo tiene en la población. En este punto cabría hablar de dos puntos de
vista bien diferenciados, por un lado el alto valor nutricional de este
alimento y por otro las enfermedades asociadas a un consumo excesivo del mismo.
Como me gusta acabar con lo positivo explicaré en primer lugar las
consecuencias negativas, para luego hablar de las cualidades.
Un consumo excesivo
de carne ha sido relacionado con el desarrollo de fundamentalmente cuatro tipos
de enfermedades: Obesidad, Enfermedad Cardiovascular, algunos tipos de Cáncer y
Diabetes tipo 2.
*Obesidad: Se
relaciona a la carne con el desarrollo de esta enfermedad fundamentalmente por
el alto aporte calórico de algunos productos cárnicos, que no la pieza de carne
en sí. Un filete de cerdo de unos 300 g aporta unas 400 kcal, mientras que unos
100 g de paté aportan unas 500 kcal.
*Enfermedad Cardiovascular: Su relación con el excesivo consumo de carne, parte fundamentalmente
del consumo excesivo de algunos productos cárnicos, estos tiene alta cantidad
de sodio (no así la pieza de carne) perjudicial porque puede desarrollar
hipertensión y contribuyen a la obesidad por su alto poder calórico. También se
relaciona el tipo de grasa consumida con el desarrollo de esta enfermedad, ya
que un exceso de grasas saturadas puede producir un aumento del colesterol
total y LDL-colesterol. La carne y los productos derivados tienen un porcentaje
amplio de grasas saturadas en su composición ya que las últimas evidencias exoneran a las grasas saturadas como causantes de esta enfermedad. Este denso tema merece una
entrada aparte.
*Cáncer: El
Fondo Mundial para la Investigación sobre el Cáncer (WCRF, por sus siglas en
inglés) y el instituto Americano de Investigación del Cáncer (AICR, por sus
siglas en inglés) han propuesto una reducción del consumo de carne roja a 500 g
por semana y un consumo mínimo o nulo de productos cárnicos procesados, ya que
han encontrado que su consumo elevado aumenta el riesgo de padecer cáncer de
colon y recto. Pese a ello existen diversos estudios que contradicen estos, con
lo que se ha convertido en sujeto de controversia.
*Diabetes tipo 2: Los estudios al respecto relacionan un alto consumo de carnes rojas y
productos cárnicos con el posible desarrollo de esta enfermedad. Aún existen
muchas inconsistencias y se necesita más investigación al respecto.
Por lo visto hasta
ahora cabe remarcar que lo que puede resultar perjudicial para la salud del
consumidor es siempre un consumo excesivo de carne, existiendo más problemática
en cuanto a los productos cárnicos. En ningún estudio se ha encontrado que el
consumo de cantidades moderadas de carne pueda suponer un peligro para el
consumidor. Por lo que no se desaconseja su consumo, momento que aprovecho para
introducir las cualidades de este peculiar alimento.
La carne es un
alimento de un alto valor nutritivo. Fundamentalmente nos aporta una cantidad
moderada de energía así como proteínas de alto valor biológico. Esto es,
proteínas que contienen aminoácidos esenciales, aquellos que necesitamos pero
que no podemos sintetizar por lo que debemos ingerirlos a través de los
alimentos. También nos aporta una importante cantidad de grasa, entre la que se
encuentra grasa saturada, pero también una importante cantidad de grasa
monoinsaturada y grasa poliinsaturada esencial. Pero no solo aporta
macronutrientes sino que la carne contiene cantidades de vitaminas y minerales
que ayudan a alcanzar los objetivos nutricionales de estos micronutrientes.
Dentro de las vitaminas destaca el contenido en vitaminas del grupo B, siendo la carne la principal fuente de
vitamina B6 y la segunda de niacina, además, junto con el pescado y
otros alimentos de origen animal son la única fuente natural de vitamina B12.
Un consumo adecuado de las vitaminas de este grupo nos previenen del desarrollo de enfermedades como anemias, neuropatías y pelagra entre otras enfermedades. Dentro de los minerales destaca el aporte de hierro de alta biodisponibilidad,
ya que se trata de un hierro hemo, al contrario que el encontrado en vegetales
(hierro no hemo). Todos conocemos la importancia del hierro para evitar el
desarrollo de anemia ferropénica. La carne es la principal fuente de Cinc de la
dieta española, la ingesta de este mineral es deficitaria en hombres y mujeres
españoles y su deficiencia podría acarrear problemas sanitarios, ya que este mineral está involucrado en diversos procesos biológicos.
De este somero análisis nutricional se puede concluir que la carne es un alimento que ayuda a alcanzar las ingestas de ciertos nutrientes, necesarias para llevar una dieta saludable.
Creo que para ser
mi primera entrada ha estado bastante cargadita de conceptos y datos, pero
espero que haya quedado la idea central del mismo, que no es otra sino la
recomendación de una dieta equilibrada, ya que tanto el exceso como la
deficiencia en el consumo de ciertos alimentos, puede acarrear importantes
problemas en nuestra salud.
Referencias:
[1] AESAN/MARM. (2011). Encuesta Nacional de
Ingesta Dietética (ENIDE). Agencia
Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Ministerio de Medio
Ambiente,
Medio Rural y
Marino.
[2] FAO. (2011). Food
Outlook. Global Market Analysis. Food and Agriculture Organization of the
United Nations.
[3] MARM. (2010). La alimentación mes a mes. Ministerio de Medio
Ambiente, Medio
Rural y Marino.
Autor

G Delgado-Pando
Doctor en Tecnología de los Alimentos. Calidad y mejora nutricional de carne y productos cárnicos. Interesado en las relaciones entre salud y alimentación
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