Una de leche II



Llevo teniendo en mente escribir de nuevo sobre el consumo de leche desde hacía ya bastante tiempo, es un tema controvertido y todo el mundo parece opinar sin haber leído lo que opina la ciencia sobre ello. En el anterior post que escribí (Una de leche) toqué el tema rompiendo algunos mitos que partían de nulos fundamentos. En esta entrada quiero rematar un poco más el tema y escribir sobre la relación de la leche y la enfermedad cardiovascular.

Historia

A finales de Julio apareció un artículo en Nature titulado “Arqueología: la revolución de la leche”. A todos aquellos interesados en el tema les recomiendo que lo lean, ya que es muy ilustrativo. Para los vagos voy a hacer un resumen de lo que allí se explica con más detalle.
El artículo empieza exponiendo el hallazgo de unas cerámicas de las que se creía podían haberse usado para separar el suero del cuajo para hacer queso, databan de 7000 años atrás. El problema es que no se había podido demostrar que esto era así hasta hace bien poco, cuando se analizaron restos de ácidos grasos adheridos a estos utensilios encontrándose ácidos grasos típicos de la leche (más tarde hablaré de ellos).
Continúa con la interesante explicación de la historia del consumo de leche en el mundo. Tras la última glaciación, los adultos (que no los niños) eran incapaces de consumir leche, la leche era considerada una toxina. Se carecía de la enzima lactasa necesaria para digerir la lactosa (como ya expliqué en el anterior hilo) y por tanto no se podía consumir. Pero hace unos 11000 años en el Medio Oriente aprendieron a reducir la lactosa mediante la fabricación de productos lácteos como queso o yogurt que todo el mundo podía consumir. Unos cuantos miles de años después, una mutación aparecida en Europa dotó a ciertos humanos de la capacidad de producir enzima lactasa, esta mutación se expandió por todo el mundo y supuso un gran avance en la nutrición humana, ya que la leche podía ser consumida, suponiendo una gran alternativa cuando se estropeaban cosechas.

http://www.nature.com/news/500020a-i2-0-jpg-7.11661?article=1.13471

Actualmente alrededor del 35% de la población puede digerir lactosa después de la edad de 7 u 8 años, pero como podemos apreciar en el mapa esto es bastante desigual según zonas. Continúa el artículo hablando de genética, estimando que la mutación que propició la posibilidad de generar lactasa ocurrió hará unos 7500 años en las llanuras de Hungría. Además se ha estudiado que es un gen bastante fuerte y persistente. Esta mutación surgió miles de años después de que los primeros ganaderos aparecieran en Oriente Medio y fabricaran productos lácteos bajos en lactosa, es por esto por lo que por esta zona aún no existe una gran prevalencia de la lactasa (como se puede apreciar en el mapa) y sí exista en las zonas a las que se expandieron (norte y oeste).

http://www.nature.com/news/500020a-i1-0-jpg-7.11660?article=1.13471

Ácidos grasos de la leche

La leche de vaca entera contiene alrededor de 4 g de grasa por cada 100 gramos de la misma. Dentro de esta grasa la composición es de alrededor del 65% ácidos grasos saturados, 33% de ácidos grasos monoinsaturados y un 2-3% de ácidos grasos poliinsaturados. Es importante conocer esta composición ya que no todos los ácidos grasos parecen actuar de la misma manera en nuestro cuerpo. Si bien necesitamos consumir cierta cantidad de ácidos grasos saturados, ya que contienen ácidos grasos esenciales, éstos son los que están siendo relacionados con el desarrollo de diversas enfermedades entre ellas la Enfermedad Cardiovascular (ECV). El papel de los ácidos grasos monoinsaturados parece ser más saludable y existen algunos estudios que asocian su consumo con una protección frente a esta ECV. Debido a la escasa cantidad de poliinsaturados que aporta la leche me centraré en los otros grandes grupos para no dilatar la lectura.

Tabla composición grasa de la leche (extraído de Rev Colom Cienc Pecua vol.20 no.1 Medellin Mar/Jan 2007)
Dentro de los ácidos grasos saturados (aquellos que no contienen insaturaciones) los más abundantes son palmítico, mirístico y esteárico (por orden de abundancia). Y dentro de los monoinsaturados (con una insaturación) el ácido oleico.

Leche y ECV

La ECV aún representa la principal causa de muerte por enfermedad no transmisible en Europa. Parece lógico, por lo tanto, que actualmente se estén centrando esfuerzos en el estudio de cómo prevenir esta enfermedad mediante una dieta adecuada. Se ha estudiado en profundidad la relación de la grasa y tipo de grasa con el riesgo de ECV, siendo la grasa saturada la que ha salido peor parada. Pero aún dentro de esta grasa saturada, los diferentes ácidos grasos parecen ejercer un efecto distinto frente a la ECV. Así, los ácidos de cadena corta (menos de 10 átomos de carbono) y el ácido esteárico parecen ser neutros frente al desarrollo de ECV, mientras que las evidencias negativas están centradas en el ácido palmítico; al menos en cuanto a niveles de colesterol total, LDL colesterol y HDL colesterol (llamados malo y bueno respectivamente). Por lo tanto, teniendo todo esto en cuenta, sería el ácido palmítico de la grasa de la leche el que ejercería un efecto negativo en la salud del consumidor si de ECV habláramos.
El problema surge cuando se quiere analizar el efecto del consumo de un alimento, ya que los alimentos son matrices muy complejas con diversidad de componentes que pueden interactuar a la hora de ejercer efectos beneficiosos o perjudiciales. Es por esto por lo que lo ideal sería la realización de potentes estudios de intervención aleatorizados y controlados, al igual que estudios que midieran como resultado final la muerte por ECV. Estudios muy caros y de muy larga duración. Como no se disponen de estos estudios, las mejores evidencias son encontradas en estudios prospectivos de cohorte de larga duración. De este tipo de estudios es imposible estudiar los mecanismos, pero sí establecer ciertas asociaciones.
Los estudios prospectivos de los últimos años indican que los beneficios del consumo de leche probablemente sean más importantes que los riesgos que esto conlleva. El Profesor Ian Givens resume los últimos hallazgos en lo siguiente: la gente que consume mayor cantidad de leche (más de 450 ml/día) tiene un 13% menos de morir de cualquier causa frente a aquellos que beben la menor cantidad (menos de 100 ml/día) (durante el tiempo que duró el estudio). También estudió la asociación entre el consumo de leche y diversas enfermedades como derrame cerebral y diabetes, encontrando resultados sorprendentes: el consumo de leche disminuyó el riesgo de estas dos enfermedades en un 20 y 15% respectivamente. Además otros metaanálisis  parecen dar la razón al profesor, no encontrándose asociación entre el consumo de leche y ECV, incluyendo la posibilidad de que la leche ejerza un efecto protector frente a este tipo de enfermedades.
Si esto parece ser así, ¿cuáles son los mecanismos protectores del consumo de leche? La respuesta a esta pregunta aún no está totalmente contestada, pero los indicios van en el camino de la asociación del consumo de leche y la reducción de la presión arterial. La leche contiene importantes cantidades de calcio y potasio, estos dos minerales mejoran la elasticidad de las arterias. Pero no solo estos dos minerales intervienen en este proceso, sino que las proteínas de la leche (caseína y proteínas del lactosuero) contienen péptidos bioactivos que pueden tener un efecto beneficioso reduciendo la presión arterial. El mecanismo de acción sería inhibiendo la enzima convertidora de la angiotensina y por lo tanto modulando la función endotelial y produciendo una vasodilatación. Además también existen estudios que relacionan el alto consumo de lácteos con la reducción de peso, otro factor que influye en la presión arterial.

Conclusiones

Debido a lo controvertido del tema, he querido aquí exponer algunos de los hallazgos científicos de los que se dispone en la literatura científica. En las referencias consultadas tenéis muchos de los estudios de los cuales he hecho un somero resumen. Vaya por delante que no tengo relación alguna con la industria láctea y que no gano dinero publicando esto (que parece que muchos así lo creen). Dicho lo cual que cada uno saque sus propias conclusiones, yo las mías las tengo claras y un vaso de leche me está ayudando a refrescarlas.



Referencias consultadas







Livingstone et al. (2013)  Does Dairy Food Intake Predict Arterial Stiffness and Blood Pressure in Men? Evidence from the Caerphilly Prospective Study. Hypertension Jan;61(1):42-7

Givens, D.I. 70th Anniversary Conference on ‘From plough through practice to policy’ Symposium 1: Food chain and health Milk in the diet: good or bad for vascular disease? Proceedings of the Nutrition Society (2012), 71, 98–104

Livingstone et al. (2012) The impact of substituting SFA in dairy products with MUFA or PUFA on CVD risk: evidence from human intervention studies. Nutrition Research Reviews (2012), 25, 193–206

Baer DJ et al. (2011) Whey protein but not soy protein supplementation alters body weight and composition in free-living overweight and obese adults. J Nutr 141, 1489–1494.

Soedamah-Muthu SS et al.(2011) Milk and dairy consumption and incidence of cardiovascular diseases and all-cause mortality: dose-response meta-analysis of prospective cohort studies. Am J Clin Nutr 93, 158–171.

Elwood PC  et al. (2010) The consumption of milk and dairy foods and the incidence of vascular disease and diabetes: An overview of the evidence. Lipids 45, 925–939.

Engberink MF et al. (2009) Inverse association between dairy intake and hypertension: the Rotterdam Study. Am J Clin Nutr 89, 1877–1883.

Gibson RA  et al. (2009) The effect of dairy foods on CHD: a systematic review of prospective cohort studies. Br J Nutr 102, 1267–1275.

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Mente A, et al. (2009) A systematic review of the evidence supporting a causal link between dietary factors and coronary heart disease. Arch Intern Med 169, 659–669.

van der Pols JC et al. (2009) Childhood dairy and calcium intake and cardiovascular mortality in adulthood: 65-year follow-up of the Boyd-Orr cohort. Heart 19, 1600–1606.

Beydoun MA et al. (2008) Ethnic differences in dairy and related nutrient consumption among US adults and their association with obesity, central
obesity and the metabolic syndrome. Am J Clin Nutr 87, 1914–1925.

Elwood PC et al. (2008) The survival advantage of milk and dairy consumption: An overview of evidence from cohort studies of vascular diseases, diabetes
and cancer. J Am Coll Nutr 27, 723S–734S.

Clare DA & Swainsgood HE (2000) Bioactive milk peptides: a prospectus. J Dairy Sci 83, 1187–1195.

G DPando

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